miércoles, 1 de julio de 2009

El silencio completo no existe

Ya sea el sonido del roce con las sabanas, las luces apagándose y encendiéndose del piso de al lado, o, incluso tu propia respiración, pero, a la hora de dormir, nunca hay un completo silencio. Y lo malo es cuando necesitas de él para poder pegar ojo. Hay veces que, poniéndome de lado, escucho mis propios latidos y tampoco puedo soportar ese "ruido".

Pero en lo que a ruidos se refiere, anoche fue la peor noche de todas. Cuando ya disponía de los ojos cerrados y la luz apagada, comencé a escuchar un ruido grave y cercano, como si fuera un estomago gigante: brrruuu-brurrurrupupu. Sonaba una y otra vez, no paraba. Encendí la luz en repetidas ocasiones para ver si eso me permitía descubrir lo que era. Mi barriga no podía ser, aunque por si acaso me lo toque, como con miedo, pero justo en ese instante realizó un rugido más bien agudo: briipipi; muy bien pequeño, ya sé que no eres tú. ¿Podrían ser los ronquidos de mis padres? no sé, llevo siglos escuchándolos y nunca habían sufrido ningún tipo de mutación. A lo mejor es mi hermano con algún vídeo-juego, o, peor, ¡El estómago de mi hermano!, madre mía, ¿Y suena tanto? ¡Qué animal!. No creo, no se le para de oír encendiendo y apagando la luz, creo que está como yo.

Al final, pensando en tanta chorrada, intentando descubrir al causante de tal profanación, me quede dormida, fue como el juego de contar ovejas.

A la mañana siguiente, aquí estoy, contado la situación, a ver si alguno ha vivido algo similar. Además se lo comenté a mi hermano, y él pasó la noche como yo, pensando que era su estómago. Y llegamos a la conclusión que siempre se llega: la culpa es del vecino, fijo.