domingo, 22 de agosto de 2010

Yin/Yang

Todo empezó con un pensamiento repleto de oscuridad. Nunca esperé que tuviera tanta fuerza como para influir en mi larga vida. Cada día que pasaba se repetía lo mismo en mi cabeza, la misma tierra estéril en la que no crecía nada de hierba. A pesar de eso, siempre estaba inquieta, rugía sin cesar, quebrándose cada vez más, moviéndose. Eso sólo empeoraba las cosas: la búsqueda constante no servía de nada, al parecer es mejor quedarse con los brazos cruzados, lo que tenga que venir vendrá.

Y así fue, primero como un soplo de aire fresco, algo que hace mucho tiempo no había pisado aquellas tierras. Asustaba un poco, era prácticamente desconocido, por ello, no cedía tan fácilmente a abrirse a aquella brisa. Aun así no se rendía, ¿para qué?, a la madre naturaleza le gusta acabar lo que empieza, por ello, envió algo de luz, quizás alumbrar el camino ayudaría. Poco a poco iba menguando la oscuridad, empezaba a observarse una capa de suelo resplandeciente, aún seco, pero empezaban a aparecer rastros de esperanza en él. Comenzaron a salir pequeños brotes de hierba de un color tan intenso que incluso podría dejar ciega a la mismísima Tea.

Éstos fueron creciendo cada vez más, se extendieron a lo largo de la llanura, formaron flores, arbustos, árboles e inmensos bosques. A pesar de toda la luz que había inundado aquel lugar, todavía quedaba un pequeño punto de oscuridad. La noche no puede vivir sin el día y a pesar del buen tiempo que ocupaba la mayor parte del año, había días que acababa lloviendo, granizando o nevando. El Sol no podía estar ahí eternamente, necesitaba descansar, al igual que la luz de la mañana, que esperaba pacientemente que le llegara el turno a la noche. Terminaban por depender unos de los otros, volviéndose un ciclo constante, formándose lo que algunos llamarían equilibrio. Aunque nunca hubiera una mañana que durara 24 horas, tampoco habría una noche, algo que compensaba, evitando caer en anteriores castigos.

Como cualquiera podría imaginar, aquella brisa que inició todo esto, no surgió sin más: ninguna “nada” genera las cosas a su voluntad. Vino de otra tierra generada a partir de un pensamiento positivo. Tampoco debía tener mucha luz para tener más que la primera, pero lo que tuvo fue más que suficiente para traerle una vida llena de ella. Eran mundos completamente opuestos: a pesar de que se absorbieran, todavía mantenían esa esencia que les hacía diferentes entre sí, pero que a la vez necesitaban para vivir. Todos necesitamos a nuestro opuesto, necesitamos un Némesis que nos complete. Antes de poder ver el arco iris tenemos que sufrir la tormenta y por mucha noche que haya no sería lo mismo sin la luna ni las estrellas, ni el día sin las nubes, las raras ocasiones de cielos despejados inquietan a cualquiera.

Cuando el día penetró en la noche, decidió correr el riesgo, contaminarse de aquella pasividad y frialdad para formar un equilibrio dinámico, un ente formado a partir de dos , que se consumieran y generarán mutuamente, naciendo uno en la parte más simple y estrecha del otro, formando una especie de uróboros de dos fragmentos de tierra, pero a la vez contagiados por la esencia principal del otro, haciendo el pacto de mantener una nube en el día y una estrella en la noche, pase lo que pase.

Con el tiempo, todo parecía funcionar, lo dicho, absoluto equilibrio gracias a la ausencia de extremos. Pero la convivencia siempre ha sido una dura prueba a la hora de sobrevivir en armonía, sobre todo una vez que uno se acostumbra al otro, puede dejarse llevar demasiado. Tal y como en una ocasión, la luz acabó con la oscuridad, ahora en esta ocasión, era la oscuridad la que intentaba acabar con la luz, extendiéndose como una plaga a partir de la pequeña nube de sombra que mermaba todo lo que encontraba a su paso. Esta vez, la tierra primigenia era la que resistía y la que combatía por recuperar lo que se le había otorgado, aquel compañero fiel que le dio calor y le alumbró el camino en las noches frías. La lucha costaba más que en la anterior ocasión, pues los dos habían probado ya ambas medicinas y sólo pensaban quedarse con lo que habían adquirido. Nadie cedía, aunque a la nueva oscuridad no le estaba costando demasiado apagar las estrellas, ya que antes ya habían probado el sabor del fracaso puro y el que una vez cayó en la tentación puede volver con facilidad.

Aun así la luz no se rindió, se alzó sobre aquel color negro, delimitando otra vez los caminos que se habían roto al no controlar el poder del otro. Volvió a intentar recuperar la situación de uróboros, pero esta vez con una lucha constante: nunca le dejará de morder la cola, pues ya sabe que él no va a parar. Ésta vez no se dejará absorbe, no, nunca más, se lo prometió cuando recuperó la luz y bajó la guardia, pero no pasará de eso. Antes de que le invadan, deberán partirse, deberá romperse el equilibrio, pero nunca volverá a la vida de antes. Ya sufrió demasiado esta tierra como para ser otra vez ahogada en la misma ola de oscuridad.

Así siguen hoy día, combatiendo sin parar. Aguantando mutuamente para que la semilla del otro no se extienda nunca, para que ninguno se convierta por completo, ya que el día que eso pase, terminará todo. El yin, lo negro, lo negativo, el frío, lo femenino, la absorción y la oscuridad; el yang, los blanco, lo positivo, el calor, lo masculino, la penetración y la luz.

  1. El yin y el yang son opuestos. Todo tiene su opuesto, aunque este no es absoluto sino relativo, ya que nada es completamente yin ni completamente yang. Por ejemplo, el invierno se opone al verano, aunque en un día de verano puede hacer frío y viceversa.
  2. El yin y el yang son interdependientes. No pueden existir el uno sin el otro. Por ejemplo, el día no puede existir sin la noche.
  3. El yin y el yang pueden subdividirse a su vez en yin y yang. Todo aspecto yin o yang puede subdividirse a su vez en yin y yang indefinidamente. Por ejemplo, un objeto puede estar caliente o frío, pero a su vez lo caliente puede estar ardiente o templado y lo frío, fresco o helado.
  4. El yin y el yang se consumen y generan mutuamente. El yin y el yang forman un equilibrio dinámico: cuando uno aumenta, el otro disminuye. El desequilibrio no es sino algo circunstancial, ya que cuando uno crece en exceso fuerza al otro a concentrarse, lo que a la larga provoca una nueva transformación. Por ejemplo, el exceso de vapor en las nubes (yin) provoca la lluvia (yang).
  5. El yin y el yang pueden transformarse en sus opuestos. La noche se transforma en día, lo cálido en frío, la vida en muerte. Sin embargo, esta transformación es relativa también. Por ejemplo, la noche se transforma en día, pero a su vez coexisten en lados opuestos de la tierra.
  6. En el yin hay yang y en el yang hay yin. Siempre hay un resto de cada uno de ellos en el otro, lo que conlleva que el absoluto se transforme en su contrario. Por ejemplo, una semilla enterrada soporta el invierno y renace en primavera.

P.D.: Aquí os dejo un pequeño brote de inspiración que me ha dado estas vacaciones. A partir de aquí espero sacar nuevos cuadros basados en literatura, mitología y filosofía.

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